Cosmografía | Page 5

Amédée Victor Guillemin
de tama?o �� partir de la ma?ana hasta el momento en que el Sol, al llegar al punto m��s alto de su carrera diurna, pasa por el meridiano; luego aumentan �� medida que avanza la tarde, pasando en sentido inverso por las mismas alturas.
[Illustraci��n: Fig. 6.--Determinaci��n de la meridiana por las sombras de un v��stago vertical.]
El observador notar�� en cada circunferencia (fig. 6) el punto donde la extremidad de la sombra de la ma?ana y la de la tarde coinciden exactamente con la extremidad de su radio. Las dos l��neas obtenidas de esa manera forman un ��ngulo BOA. Dividi��ndolo en dos partes iguales, por medio de una l��nea recta ON, se tendr�� la direcci��n de la meridiana del lugar. Repitiendo la misma operaci��n con otras circunferencias, se obtendr�� medio de comprobar la exactitud de la primera; �� bien se suplir��n as�� las observaciones que puedan faltar por efecto de una interposici��n pasajera de nubes delante del Sol.
=16. Orientaci��n: uso de la br��jula.=--Finalmente, tambi��n se puede determinar la posici��n de la meridiana si se conoce la declinaci��n magn��tica del lugar donde se observa; es decir, el ��ngulo que esta l��nea forma con la direcci��n de la aguja imanada, suspendida sobre un eje, y en libertad para girar libremente en un plano horizontal. Este medio es tanto m��s valioso cuanto que no siempre es posible observar el Sol �� las estrellas, cuando el cielo est�� brumoso �� nublado.
El instrumento que sirve para este g��nero de observaci��n es la br��jula de declinaci��n (fig. 7). La direcci��n de la aguja imanada no es la misma del meridiano; pero como el ��ngulo que forma con el plano de ��ste es conocido para cada punto, es f��cil deducir la direcci��n de la meridiana. Por ejemplo: en Par��s la aguja imanada se dirige pr��ximamente unos 16 grados al oeste; en consecuencia, habr�� que volver la br��jula de modo que la aguja quede en esta posici��n (poco m��s �� menos en la direcci��n N. NO.--S. SE.). Entonces la l��nea se?alada por las palabras norte, sur, dar�� la orientaci��n que se busca.
[Illustraci��n: Fig. 8.--Br��jula terrestre de declinaci��n.]
Como la declinaci��n var��a, no s��lo de un a?o para otro en un mismo lugar, sino tambi��n de un pa��s �� otro, los marinos y los viajeros necesitan mapas que les indiquen el valor de este elemento en todos los mares y regiones que deben recorrer, y para la ��poca en que deban hallarse en ellos.
Cuando se conoce la meridiana, se tienen los puntos norte y sur del horizonte. La l��nea este-oeste se traza formando ��ngulo recto con la primera, y as�� se conocen los cuatro puntos cardinales. El Sol no sale exactamente por el este para ponerse por el oeste m��s que en la ��poca de los equinoccios, es decir, del 20 al 21 de marzo �� del 20 al 22 de setiembre. Ese d��a, el Sol describe la mitad exactamente de un c��rculo sobre el horizonte, y otra semi-circunferencia por debajo de ��ste. La circunferencia completa es el ecuador celeste.
=17. Rosa de los vientos.=--�� m��s de los cuatro puntos cardinales, se distinguen otros puntos del horizonte, que sirven para orientarse, en una direcci��n cualquiera. El conjunto de todos ellos forma una estrella de m��ltiples brazos, llamada rosa de los vientos (fig. 8) porque puede servir para indicar de que punto del horizonte soplan aqu��llos.
[Illustraci��n: Fig. 8.--Rosa de los vientos.]
=18. Aspecto del cielo en latitudes diversas.--Zonas celestes.=--Se ha visto antes de que manera es posible reconocer la curvatura de la Tierra, sea en el mar, sea en los continentes. Veamos ahora cual debe ser el efecto de esta curvatura sobre el aspecto del cielo estrellado. Recordemos que el movimiento diurno se efect��a alrededor de una l��nea fija, cuya inclinaci��n sobre el horizonte de un punto dado es invariable.
De esta invariabilidad resulta que siempre se elevan sobre el horizonte las mismas estrellas, en el intervalo de una rotaci��n de la Tierra, sea cual fuere la ��poca del a?o. S��lo que, entre las que salen �� se ponen, unas se encuentran sobre el horizonte durante la noche, y entonces son visibles, mientras que las otras salen y se ponen durante el d��a, y el brillo de la luz solar no permite distinguirlas. Por el contrario, como las estrellas circumpolares no descienden nunca por debajo del horizonte, permanecen �� la vista todas las noches del a?o. Finalmente, otras estrellas que describen sus circunferencias diurnas por debajo del horizonte, no son nunca visibles en el sitio considerado.
Se ve, por tanto, que la esfera celeste puede dividirse en tres zonas: la de las estrellas circumpolares, �� de estrellas perpetuamente visibles; la de las estrellas que salen y que se ponen, y cuya visibilidad durante la noche depende de la ��poca del a?o en que se est��; y, finalmente, la zona de las estrellas que no se elevan
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