finas tijeras me la estaba cortando en pedacitos para arrojarla al viento.
--Pues s��. Ha pasado mucho tiempo--continu��--. Ese ingl��s se apareci�� en C��diz; nos visit��. Visita hoy con mucha frecuencia la otra casa, y en ella es amado... Esto te parece incre��ble, absurdo. Pues es la cosa m��s sencilla del mundo. Tambi��n creer��s que el ingl��s es un hombre antip��tico, desabrido, brusco, colorado, tieso y borracho como algunos que viste y trataste en la plaza de San Juan de Dios cuando eras ni?o. No: lord Gray es un hombre fin��simo, de hermosa presencia y vasta instrucci��n. Pertenece a una de las mejores familias de Inglaterra, y es m��s rico que un perulero... Ya... ?t�� cre��ste que estas y otras eminentes cualidades nadie las pose��a m��s que el Sr. D. Gabriel de Tres-al-Cuarto! Lucido est��s... Pues oye otra cosa.
?Lord Gray cautiva a las muchachas con su amena conversaci��n. Fig��rate, que con ser tan joven, ha tenido ya tiempo para viajar por toda el Asia y parte de Am��rica. Sus conocimientos son inmensos; las noticias que da de los muchos y diversos pueblos que ha visto, curios��simas. Es hombre adem��s de extraordinario valor; hase visto en mil peligros luchando con la naturaleza y con los hombres, y cuando los relata con tanta elocuencia como modestia, procurando rebajar su propio m��rito y disimular su arrojo, los que le oyen no pueden contener el llanto. Tiene un gran libro lleno de dibujos, representando paisajes, ruinas, trajes, tipos, edificios que ha pintado en esas lejanas tierras; y en varias hojas ha escrito en verso y prosa mil hermosos pensamientos, observaciones y descripciones llenas de grandiosa y elocuente poes��a. ?Comprendes que pueda y sepa hacerse amar? Llega a la tertulia, las muchachas le rodean; ��l les cuenta sus viajes con tanta verdad y animaci��n, que vemos las grandes monta?as, los inmensos r��os, los enormes ��rboles de Asia, los bosques llenos de peligros; vemos al intr��pido europeo defendi��ndose del le��n que le asalta, del tigre que le acecha; nos describe luego las tempestades del mar de la China, con aquellos vientos que arrastran como pluma la embarcaci��n, y le vemos salv��ndose de la muerte por un esfuerzo de su naturaleza ��gil y poderosa; nos describe los desiertos de Egipto, con sus noches claras como el d��a, con las pir��mides, los templos derribados, el Nilo y los pobres ��rabes que arrastran miserable vida en aquellas soledades; nos pinta luego los lugares santos de Jerusal��n y Bel��n, el sepulcro del Se?or, habl��ndonos de los millares de peregrinos que le visitan, de los buenos frailes que dan hospitalidad al europeo; nos dice c��mo son los olivares a cuya sombra oraba el Se?or cuando fue Judas con los soldados a prenderle, y nos refiere punto por punto c��mo es el monte Calvario y el sitio donde levantaron la santa Cruz.
?Despu��s nos habla de la incomparable Venecia, ciudad fabricada dentro del mar, de tal modo, que las calles son de agua y los coches unas lanchitas que llaman g��ndolas; y all�� se pasean de noche los amantes, solos en aquella serena laguna, sin ruido y sin testigos. Tambi��n ha visitado la Am��rica, donde hay unos salvajes muy mansos que agasajan a los viajeros, y donde los r��os, grand��simos como todo lo de aquel pa��s, se precipitan desde lo alto de una roca formando lo que llaman cataratas, es decir, un salto de agua como si medio mar se arrojase sobre el otro medio, formando mundos de espuma y un ruido que se oye a much��simas leguas de distancia. Todo lo relata, todo lo pinta con tan vivos colores, que parece que lo estamos viendo. Cuenta sus acciones heroicas sin fanfarroner��a, y jam��s ha mortificado el orgullo de los hombres que le oyen con tanta atenci��n, si no con tanta complacencia como las mujeres.
?Ahora bien, Gabriel, desgraciado joven, ?por lo que digo comprendes que ese ingl��s tiene atractivos suficientes para cautivar a una muchacha de tanta sensibilidad como imaginaci��n, que instintivamente vuelve los ojos hacia todo lo que se distingue del vulgo enfatuado? Adem��s, lord Gray es riqu��simo, y aunque las riquezas no bastan a suplir en los hombres la falta de ciertas cualidades, cuando estas se poseen, las riquezas las avaloran y realzan m��s. Lord Gray viste elegantemente; gasta con profusi��n en su persona y en obsequiar dignamente a sus amigos, y su esplendidez no es el derroche del joven calavera y voluntarioso, sino la gala y generosidad del rico de alta cuna, que emplea sabiamente su dinero en alegrar la existencia de cuantos le rodean. Es galante sin afectaci��n, y m��s bien serio que jovial.
??Ay, pobrecito! ?Lo comprendes ahora? ?Llegar��s a entender que hay en el mundo alguien que puede ponerse en parang��n con el Sr. D. Gabriel Tres-al-Cuarto? Reflexiona bien, hijo; reflexiona bien qui��n eres t��. Un buen muchacho y

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