Clásicos Castellanos: Libro de Buen Amor | Page 9

Juan Ruiz
y poco conocido escrito, que ��l y su autor siguen siendo hasta hoy una verdadera quisicosa, un enigma, aun para las personas m��s doctas. Para Men��ndez y Pelayo fu�� el Arcipreste "un cl��rigo libertino y tabernario"; para Puymaigre, "un libre pensador, un enemigo de la Iglesia"; para Jos�� Amador de los R��os, por el contrario, fu�� "un severo moralista y cl��rigo ejemplar, que si es cierto que cuenta de s�� propio mil picard��as, lo hace para ofrecerse como v��ctima expiatoria de los pecados de su tiempo, acumul��ndolos sobre su inocente cabeza" (MEN��NDEZ Y PELAYO, _Antolog��a_, III, p��gina LXII). Si con tan encontradas opiniones se juzga del hombre, de esperar es que con las mismas se juzgue de su obra, que no ha faltado quien la llamase nada menos que _Libro de alcahueter��a_.
Bien es verdad que todos convienen en tenerle por extraordinario poeta. Pero, ?puede ser poeta tan extraordinario un hombre que va contra el sentir de toda la sociedad cristiana en que vive, como lo supone Puymaigre? Los grandes poetas que conocemos sobresalieron entre sus contempor��neos; pero fueron la voz de toda la sociedad en que viv��an, y eso les hizo ser grandes. ?Puede ser extraordinario poeta un poeta "cl��rigo, libertino y tabernario; un escolar nocherniego, gran frecuentador de tabernas; un cl��rigo de vida inhonesta y?antican��nica", como dice de ��l Men��ndez y Pelayo? Yo conceder�� que entre tales hombres pueda darse un poeta; jam��s un extraordinario poeta. Los m��s encumbrados pensamientos y los sentimientos m��s delicados no andan por las tabernas y lupanares. Si alguien puede creer lo contrario, respeto su opini��n; pero me guardo la m��a en todo contraria. Si otros creen que un desalmado sin conciencia y sin religi��n, en un siglo religioso sobre todo, puede ser poeta excelso, de los de gran talla, de los pocos que se levanten a lo m��s alto, como yo tengo fu�� el Arcipreste, tampoco me ofender��; pero seguir�� creyendo que esos alt��simos ingenios jam��s se dieron sin una honda creencia religiosa en el coraz��n, fuente la m��s pura y abundante de la sublime poes��a. Pero todo esto es opinar. Lo que en limpio de todo ello se saca es que el valer del Arcipreste y de su libro sigue en balanzas, que el Libro de Buen Amor es todav��a un enigma aun para los m��s doctos y discretos.
Descifrar el enigma, poner en claro el libro, que puedan leerlo, entenderlo y juzgarlo doctos e indoctos era empresa digna de acometerse y de que alguien fuera el primero en acometerla. Acaso el mal sino del Arcipreste haya sido el que fuera yo el primero que la acometiese; ello es que yo he sido, y hubiera deseado encuadrar esta _s��tira maravillosa de la clerecia y aun de toda la sociedad del siglo XIV_, que a esto se reduce el libro, en un marco digno, que pintase y pusiese ante los ojos del lector aquella corrompida edad del _cautiverio babil��nico_, como se ha llamado por la sustracci��n del Papa a la ciudad de Roma, llevado con miras pol��ticas a Avi?��n por los reyes de Francia.
No sufr��a tal espacio y vagar el estilo y tama?o de los libros de esta biblioteca de CL��SICOS CASTELLANOS, y he debido ce?irme a sus l��mites, aunque creo haber sacado en limpio el texto, haber aclarado su sentido literal de manera que cualquiera persona medianamente instru��da llegue a entenderlo, y haber apuntado las suficientes noticias para que se conozca el ser y costumbres de aquel siglo.
Del libro, bien estudiado, se sacan las pocas noticias siguientes, tocantes al extra?o personaje de su autor: Llam��se Juan Ruiz (c. 19 y 575). Naci�� en Alcal�� de Henares (c. 326, 1510). Fu�� _Arcipreste de Hita_, villa en la provincia de Guadalajara. Cargo era ��ste de importancia, como entonces todos los eclesi��sticos, y el primero de la villa, puesto que el Arcipreste es cabeza de todos los dem��s cl��rigos. Era ya muerto, probablemente, a no ser que hubiera dejado el arciprestazgo, el a?o 1351, pues en escritura que cita Antonio S��nchez era arcipreste all�� y aquel a?o un tal Pedro Fern��ndez; todav��a parece m��s probable que hubiese muerto para el a?o 1348, como deduzco por cierta conjetura de la copla 326 (v��ase mi nota). Acab�� de componer su libro el a?o 1343 (c. 1634), siendo ya viejo (c. 1692) y estando preso en Toledo por mandado del Arzobispo de aquella ciudad D. Gil de Albornoz (c. 1671, 1709).
Compuso, por consiguiente, el libro en los ��ltimos a?os de su vida, preso y lleno de angustias, agraviado e injustamente puesto en prisi��n, "por causas meramente curiales", dice Men��ndez y Pelayo, muy probablemente por falsas delaciones sobre que hablaba contra el Arzobispo, llevadas de parte de los cl��rigos de Talavera, fuertemente enojados por la sangrienta s��tira que contra ellos escribi�� (c. 1690).
Fu�� persona le��da y entendida en Sagrada Escritura,

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