Anderson, no sin suplicarme suspendiera por entonces el ataque contra Manila, porque ellos estaban estudiando un plan; para tomar con sus fuerzas Intramuros, dejando la toma de los arrabales para las nuestras.
Encarg��me, sin embargo, que estudiara por mi parte otro plan para combinarlo con el suyo, con todo lo cual me conform��.
XII.
NUEVAS TROPAS AMERICANAS
Al poco tiempo, llegaron tropas americanas y con ellas el General Merrit, present��ndose al Gobierno Dictatorial el Secretario del almirante con dos jefes para pedir que se les concediera ocupar nuestras trincheras de Maytubig, desde la playa hasta el camino Real, donde se unir��an en cordon con las tropas filipinas que ocupaban Pasay y Singalong; �� lo que tambi��n acced��, debido �� las solemnes promesas del repetido almirante y naturales esperanzas de ellas nacidas sobre el apoyo y reconocimiento de nuestra Independencia.
Diez dias despu��s de ocupado por las fuerzas americanas, Maytubig, sabedores de ello los espa?oles que estaban en frente fortificados en el polvor��n de San Antonio Abad, durante la noche sorprendieron las avanzadas americanas que compuestas de pocos individuos no tuvieron m��s tiempo que para saltar de la cama y replegarse h��cia su centro, abandonando sus fusiles y 6 ca?ones.
O��do el tiroteo por nuestras tropas acudieron inmediatamente en auxilio de los amigos y aliados, haciendo huir �� los espa?oles y recuperando los fusiles y ca?ones de su poder, cuyos armamentos orden�� fueran devueltos �� los americanos en ley de buena amistad.
El General Noriel se opon��a �� ��sta devoluci��n, alegando que dicho armamento ya no era de los americanos, cuando lo ocuparon las fuerzas filipinas del poder de los espa?oles, pero, desatend�� esta razonada oposici��n de mi General, ordenando terminantemente la devoluci��n de las armas �� los americanos, demostrando con ello clara y evidentemente la sincera amistad de los filipinos. Dichos fusiles y ca?ones con abundantes municiones, fueron, pues, devueltos �� los que entonces eran nuestros aliados, apesar de que el General Noriel y sus fuerzas los hab��an conquistado �� costa de la vida de muchos compa?eros.
Poco despu��s llegaron m��s refuerzos americanos y otra vez el almirante Dewey, por medio de su Secretario interes�� m��s trincheras para su ej��rcito, alegando que eran ya cortas las que antes les hab��a dado, concedi��ndoseles entonces su continuaci��n hasta cerca de Pasay.
XIII.
EL 13 DE AGOSTO
Lleg�� el d��a 13 de Agosto en que not�� un movimiento general de ataque contra Manila por parte de la escuadra americana y de las fuerzas de tierra que estaban al mando del General Anderson en Para?aque.
Seguidamente orden�� �� mis tropas, para que atacaran en todas las l��neas, consiguiendo el General Pio del Pilar entrar por Sampalok y atacar �� las tropas espa?olas que defend��an el puente Colgante, las cuales se retiraron hacia el puente de Espa?a. La columna de nuestro General Gregorio H. del Pilar tom�� los arrabales del Pretil, Tondo, Divisoria y Paseo de Azc��rraga al Norte de Manila, y la del General Noriel, por la parte de Pasay, tom�� los arrabales de Singalong y Pako, siguiendo detr��s la columna americana y flanqueando las fuerzas espa?olas que defend��an la l��nea de S. Antonio Abad; lo que visto por los jefes espa?oles, ordenaron la retirada de sus tropas h��cia Intramuros, con lo cual las fuerzas americanas que ocupaban las trincheras del frente, entraron, sin pegar un tiro, por los arrabales de Malate y Ermita; pero all�� se encontraron con las tropas del General Noriel que se hab��an posesionado de los referidos arrabales y establecido sus cuarteles en el convento de Malate y Ermita, en los edificios que fueron de la Exposici��n regional de Filipinas, en la Escuela Normal y en la casa del Sr. Perez, en Pako.
En Santa Ana, parte Este de Manila, logr�� copar el General Ricarte cinco columnas espa?olas, auxiliado por tropas del General Pio del Pilar.
XIV.
PRIMEROS NUBARRONES
Los nuestros ve��an desembarcar fuerzas americanas en las playas de la Luneta y paseo de Santa Luc��a, llamando la atenci��n de todos el que los soldados espa?oles que hab��a en la muralla de la Ciudad no tiraran contra aquellas, misterio que al anochecer de este dia, se explic�� por la noticia de la capitulaci��n de la plaza hecha por el General espa?ol, se?or J��udenes, al General americano, Mr. Merrit; capitulaci��n que se reservaron los Generales americanos, con infracci��n de lo convenido con el almirante Dewey, sobre formaci��n de planes para atacar y tomar Manila, juntos y en combinaci��n los dos ej��rcitos, americano y filipino.
Esta inexplicable conducta de los jefes americanos se hizo m��s evidente con los telegramas que el General Anderson en dicho dia 13, me dirigi�� desde Maytubig, rogando que ordenara �� nuestras tropas no entrasen en Manila, petici��n, que fu�� denegada, toda vez que era contraria �� lo pactado y �� los altos fines del Gobierno revolucionario, que al tomarse el inmenso trabajo de sitiar Manila durante dos meses y medio, sacrificando miles de vidas
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